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Yggdrasil (El árbol de la vida en la mitología nórdica)
El mítico árbol Yggdrasil, un inmenso fresno que, según las viejas leyendas
escandinavas, fue el árbol del mundo, es decir, fue el mundo mismo antes de que
la tierra se volviera redonda y comenzara a girar alrededor del sol.
En las tres raíces de ese árbol cósmico estaban las fuentes del destino, el
tiempo y la muerte. En su gigantesco follaje vivían y luchaban los seres
prodigiosos que dieron origen y sentido a los pueblos nórdicos: dioses y
gigantes, seres humanos y animales fantásticos, hadas, gnomos, dragones, en un
torbellino de luchas y encuentros en que lo real y lo mágico se confundían.
Era el Padre-Madre original, el escenario majestuoso de la vida, el tronco
primordial, el eje de la existencia. Sus ramas, que abarcaban los confines del
universo, fueron la morada de los dioses, los animales y los seres humanos. A la
sombra de sus hojas innumerables nacieron el día y la noche, fue creado el
calendario y los humanos aprendieron el rito mágico de la escritura. El árbol
Yggdrasil fue, pues, el centro y el origen de la historia.


EL ÁRBOL DE LA VIDA
SEGÚN LOS NÓRDICOS
(VIKINGOS Y GERMANOS)
1- COMO UNA
CIRCUNFERENCIA rodeada
por las aguas, en las
cuales vivía la
serpiente monstruosa
Midgard. Por debajo de
Midgard estaba el
Niflheim, y más profundo
aún se localizaba el
país de los muertos que
era húmedo, glacial,
sombrío y cuya entrada
era guardada por un
perro.
2- CON PARTES O MUNDOS
DISTINTOS, todos ellos
sostenidos por el fresno
Ygdrasil. El mundo
situado más arriba, era
el de ÁSGARD. El acceso
a este mundo se
realizaba a través del
Arco Iris, al que
imaginaban como un
puente tendido de un
lado al otro del
universo. Ásgard era un
recinto amurallado en el
cual vivían todos los
dioses, y en el que cada
dios tenía una gran
mansión (excepto Odín
que tenía tres):
La primera mansión de
Odín era Valaskialf, en
la que estaba la sala
del trono.
La segunda era Gladsheim,
en la que estaba la sala
del Consejo de los
dioses.
La tercera y más hermosa
era el Valhala, en la
que Odín recibía a todos
los guerreros muertos
heroicamente y compartía
con ellos banquetes y
juegos de guerra.


Aunque pienses que tus
ramas y tus raíces están
perdiendo fuerzas.
Aunque creas que tus
hojas están ya secas.
Aunque tu tronco y tu
corteza por las heladas
y los
azotes del vientos se
resquebraje. Dirige la
mirada de tus ramas y de
tus hojas hacia ese mar
que esta tan cerca, que
te dará de beber para
saciar tu sed y te
regará cada día con
gotas iluminadas de
cariño y alegría,
vistiendo todo tu cuerpo
de vida y color, cariño
y pasión.
Porque no es lo mismo
ser un árbol muerto y
seco, que un árbol vivo
y frondoso. Por eso
eleva tus brazos en la
noche hacia la luz de
las estrellas y agárrate
a su estela y así
encamina tus pasos hacia
la luz que te va
dibujando la luna para
alcanzar ese cielo que
cada noche ves en tus
sueños.
Y no pienses que tus
raíces crecen en tierras
movedizas, pues es
lógico a veces tener
miedos, ya que su cepa
es regada por savia
renovada que te da la
experiencia e irán
cogiendo firmeza y se
agarraran más fuerte a
esa tierra fértil que
será regada por el lago
de la vida y que traerá
a tus días una bella
melodía para saciar la
sed de las mañanas y los
miedos de
las madrugadas.
Entonces cuando
despiertes veras tu
reflejo en el espejo y
descubrirás que todo fue
un sueño. Un sueño del
cual saliste vencedor,
con mucha más fuerza,
con mucho más brío y con
un alma más bella.
Reflexión: Cada una de
nuestras vivencias nos
deben enseñar el camino
correcto hacia la
claridad, para así poder
surcar los retos de la
vida con seguridad y así
llegar hasta el final de
nuestros días caminando
siempre por el sendero
de la verdad, la alegría
y la felicidad, entonces
habremos conseguido
vivir cada día
iluminando nuestras
mañanas con una bella
sonrisa.
Cuida tu árbol de vida,
porque es lo que te hará
nacer y renacer
una y otra vez. Lucha,
Vive, Ríe, Disfruta y Se
Feliz.

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